Salidas por Ginebra II. L’Artemis
general 5 Commentarios »No es que haya estado encerrada en casa casi un mes, es sólo que no mercía la pena contar las noches de l’Arcade, la discoteca que está en el sótano de la Cité Universitaire, o las cervezas bebidas en l’Établi en petit comité o las fiestas en casa de Elena. Sin embargo, el fin de semana pasado es digno de mención. Para celebrar el comienzo del año académico qué mejor forma de hacer una de las memorables fiestas del IEUG: Estudiantes de segundo año, antiguos estudiantes y novatos reunidos en las aulas de Colladon con botella en mano, que no con libros. La fiesta, como todas las que ya hemos hecho, merece ser calificada de estupenda, aunque esta vez contamos con unos invitados especiales al final de la noche: los bomberos. No fue nada grave, simplemente alguien tuvo la “genial” idea de apretar el botón de evacuación para animar la fiesta… ya veremos cuales son las consecuencias cuando llegue la factura.
El sábado celebramos el cumpleaños de un amigo (Dani). Empezamos con las cervezas y cubatas varios en el Ethno y llegadas las 2 de la mañana decidimos trasladar la fiesta a l’Artemis, una de las discotecas situadas en ese casi distrito Okupa cerca de l’Usine. La temática de la soirée (fiesta) tenía algo que ver con “Army” y si ibas vestido de militar entrabas gratis, pero claro, a casi nadie se le ocurre la mamarrachada de ir vestido de militar así que pagamos los 10 francos correspondientes (es barato, aunque sin consumición) y allí que nos internamos. La fiesta fue tal espectáculo que la verdad, no sé por donde empezar. Si Jesús Quintero tuviera que buscar freaks en Ginebra sin duda alguna debería ir a l’Artemis.
La música y el DJ. En Artemis esa noche había raggae, vale. La música era buena y conocida, desde Bob Marley hasta IAM pasando por todos los rapperos y MCs que puedas imaginar. Sin embargo el DJ era para machacarlo. Sus espectaculares y profesionales mezclas consistían en poner los 14 primeros segundos de cada canción y pasar a otra, de tal modo que si intentabas bailar, cada 14 segundos (cronometrados, ¿eh?) te cortaba el ritmo. Para más inri, entre canción y canción se dedicaba a pegar chillidos por el micro y a decir gilipolleces en inglés para animar el cotarro. Sin embargo lo único que consiguió fue las protestas de los asistentes y al final se llevó como premio los abucheos y pitidos del público. Se lo ganó a pulso, ya que además algunos nos acercamos para pedirle por favor que dejara de torturarnos, pero como si nada. El pobre Bob Marley se estaba revolviendo en su tumba.
Los personajes de l’Artemis merecen sin duda mención aparte. Teníamos gogos maduritas espontáneas, los típicos que van buscando pelea y a los que es mejor no acercarse, los que bailan y los que no bailan, todo ello mezclado con el fresco aroma de la hierbabuena de los alpes holandeses. Sin embargo, lo que se lleva la palma son las técnicas de ligue y para ilustrarlo como ejemplo, teníamos a un chaval que hacía “como que se tropezaba” con toda chavala que veía y a otro que iba preguntándole a las niñas si querían un australiano. Advierto que otros ejemplares de ambos especímenes pueden encontrarse en otras discotecas de Ginebra.
Con tantas experiencias nos entró hambre, así que nos recorrimos todos los Kebabs que hay abiertos por Plainpalais. Hicimos una última parada en una sandwichería que sólo abre por las noches. Se encuentra también en Plainpalais, pasando el Barrio’s Latino y el nombre os lo diré la próxima vez que pase por allí, pero merece la pena. Además mientras disfrutas de tu sándwich podrás ver cómo los porteros del Oxigène echan a los gallitos a la calle.
A pesar de que la música en l’Artemis fuera una patata, merece la pena ir, por lo menos una vez, para ver el ambiente.
Buen fin de semana!